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Otra Guerra… La Misma Guerra…
Lic. Inés Susana Fragassi
Sacudidos por la guerra desatada en Irak, muchos –casi todos, diría,- de los profesionales de la salud mental quedamos en silencio. Silencio que habla del horror y el espanto. Silencio que sucede a las situaciones traumáticas individuales y en este caso, de la humanidad entera. Los psicoanalistas propondríamos –estoy segura de ello- HABLAR PARA ELABORAR. Surgen preguntas: Se podrá elaborar psíquicamente una guerra?. Se podrá tramitar el horror? Qué es esto de procesar la consternación de lo real, de la destrucción y de la muerte, allí, aquí y en todas partes? No querría promover discursos circulantes de vencedores y vencidos, de víctimas y victimarios, de buenos versus malos. No pretendería dar una visión global ni parcial de los sucesos, ni involucrarme en ello, ni mencionar éticas, ni morales, ni miedos, ni prejuicios absolutamente personales… Temo no poder hacerlo… Por eso, acudo en ayuda de quien nos antecedió en esta aventura maravillosa del develamiento del psiquismo y descubridor del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien padeció la Primera y la Segunda Guerra Mundial, pese a lo cual, continuó con sus arduos trabajos de investigación y clínica, legándonos escritos plenamente vigentes. Transcribo arbitrariamente algunos recortes de CONSIDERACIONES DE ACTUALIDAD SOBRE LA GUERRA Y LA MUERTE (1915) y - EL PORQUÉ DE LA GUERRA – (1932/1933), los que lejos de pretender sintetizar los conceptos freudianos sobre el tema, intentan abrir un espacio a la reflexión sobre la repetición, el poder y si se quiere la inevitabilidad de la guerra.
“Arrastrados por el torbellino de esta época de guerra, sólo unilateralmente informados, a distancia insuficiente de las grandes transformaciones que se han cumplido ya o empiezan a cumplirse y sin atisbo alguno del futuro que se está estructurando, andamos descaminados en la significación que atribuimos a las impresiones que nos agobian y en la valoración de los juicios que formamos.”
“Aunque parezca paradójico, es preciso reconocer que la guerra bien podría ser un recurso apropiado para establecer la anhelada paz «eterna», ya que es capaz de crear unidades tan grandes que una fuerte potencia alojada en su seno haría imposibles nuevas guerras. Pero en realidad la guerra no sirve para este fin, pues los éxitos de la conquista no suelen ser duraderos; las nuevas unidades generalmente vuelven a desmembrarse a causa de la escasa coherencia entre las partes unidas por la fuerza”.
“ … el placer de la agresión y de la destrucción: innumerables crueldades de la Historia y de la vida diaria destacan su existencia y su poderío. La fusión de estas tendencias destructivas con otras eróticas e ideales facilita, naturalmente, su satisfacción. A veces, cuando oímos hablar de los horrores de la Historia, nos parece que las motivaciones ideales sólo sirvieron de pretexto para los afanes destructivos….
“El instinto de muerte se torna instinto de destrucción cuando, con la ayuda de órganos especiales, es dirigido hacia afuera, hacia los objetos..,” ….“…serán inútiles los propósitos para eliminar las tendencias agresivas del hombre. “ “El ciudadano individual comprueba con espanto en esta guerra algo que ya vislumbró en la paz; comprueba que el Estado ha prohibido al individuo la injusticia, no porque quisiera abolirla, sino porque pretendía monopolizarla, como el tabaco y la sal”
“Dos cosas han provocado nuestra decepción en esta guerra: la escasa moralidad exterior de los Estados, que interiormente adoptan el continente de guardianes de las normas morales, y la brutalidad en la conducta de los individuos de los que no se había esperado tal cosa como copartícipes de la más elevada civilización humana”
“Hay, pues, muchos más hipócritas de la cultura que hombres verdaderamente civilizados”… “En realidad, tales hombres no han caído tan bajo como temíamos, porque tampoco se habían elevado tanto como nos figurábamos”
“¿Por qué nos indignamos tanto contra la guerra, usted, y yo, y tantos otros? ¿Por qué no la aceptamos como una más entre las muchas dolorosas miserias de la vida?.... creo que la causa principal por la que nos alzamos contra la guerra es la de que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque por razones orgánicas debemos serlo. Entonces nos resulta fácil fundar nuestra posición sobre argumentos intelectuales”
“La guerra, en la que no queríamos creer, estalló y trajo consigo una terrible decepción. No es tan sólo más sangrienta y más mortífera que ninguna de las pasadas, a causa del perfeccionamiento de las armas de ataque y defensa, sino también tan cruel, tan enconada y tan sin cuartel, por lo menos, como cualquiera de ellas. Infringe todas las limitaciones a las que los pueblos se obligaron en tiempos de paz -el llamado Derecho Internacional- y no reconoce ni los privilegios del herido y del médico, ni la diferencia entre los núcleos combatientes y pacíficos de la población, ni la propiedad privada. Derriba, con ciega cólera, cuanto le sale al paso, como si después de ella no hubiera ya de existir futuro alguno ni paz entre los hombres. Desgarra todos los lazos de solidaridad entre los pueblos combatientes y amenaza dejar tras de sí un encono que hará imposible, durante mucho tiempo, su reanudación”.
Freud, inquieto por los males de su tiempo, preocupado por el desarrollo del psicoanálisis, hondamente comprometido con el destino de la humanidad, cierra “El porque de la Guerra” con una frase esperanzada …”Por ahora sólo podemos decirnos: todo lo que impulse la evolución cultural obra contra la guerra”… Aunque, lamentablemente, aun hoy es una ilusión.
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