El caso Blumberg
Los medios de comunicación
El caso Blumberg y los medios


La máquina

(Sobre la relación entre sociedad, televisión e inseguridad)



Pocos minutos antes de las 19.00, los noticieros titulan en las pantallas y marcan así el tono de la convocatoria. "Todos por Axel, todos por todos" en Canal 13 y un casi idéntico "Todos por Axel" en el 9.
Miles de personas escucharon en la Plaza de los dos Congresos las palabras de Juan Carlos Blumberg, padre de Axel, quien fuera secuestrado y asesinado algunas semanas atrás. Ante la fervorosa adhesión del público, Blumberg repasó los puntos del petitorio que se disponía a presentar en el Congreso de la Nación. Sus propuestas, fueron las siguientes:

1)_ Penar la posesión de armas con prisión no excarcelable, "porque si no hay gente con armas no hay robos, secuestros ni asesinatos".
2)_ Registrar públicamente los celulares, consignando los datos del comprador y el vendedor. Prohibir la venta de celulares a quienes tengan antecedentes.
3)_ Subir la cantidad de años de las penas.
4)_ Bajar la edad de imputabilidad de los menores, "porque hay padres que mandan a sus hijos a robar y no los cuidan como nosotros, que les damos una educación".
5)_ Establecer ocho horas de trabajo para los presos, para que se ganen su propio sustento y no los tenga que mantener la sociedad.
6)_ Cambiar el DNI, porque hay muchos falsificados. "Los delincuentes tienen tres o cuatro documentos y usan `nuestros hospitales´ (sic) con nombres falsos".
7)_ Identificar a los presos, que no usan uniformes porque se sienten menoscabados. "Así, los vamos a identificar para que todos sepan que se han portado mal con la sociedad".
8)_ "Que los jueces trabajen para la sociedad, no para los delincuentes".

Juan Carlos Blumberg terminó con su discurso e ingresó al Congreso. Al mismo tiempo, empezó el frenesí de los noticieros. Movileros excitados, conductores sobrios pero un tanto conmocionados (tal parece ser la regla cuando se va hablar en televisión de este tipo de temas), cifras, opiniones de la gente en la plaza, títulos, abrazos y llantos en un pastiche difícil de digerir.
Si alguien hiciera el experimento de prender el televisor y cerrar los ojos, difícilmente podría diferenciar las declaraciones periodísticas de las del público en la plaza. "Todos somos Axel" dice Mariana, una joven de 26 años de Avellaneda. "Por un país donde se pueda vivir sin miedo", repite una y otra vez la movilera de Canal 9. Y su colega del 13 la imita: "Para que cambien las leyes y todos los argentinos puedan caminar por la calle tranquilamente, para que los chicos no vivan atemorizados". "Seguridad, seguridad, seguridad", cantan todos al unísono ante las cámaras.
El reclamo de Blumberg, de los que hablan desde la plaza y los que lo hacen delante de las cámaras, es el mismo. Su lógica es simple: por un lado está la sociedad, los que trabajan, los que estudian, los que educan a sus hijos ("nosotros"). Por otro, los delincuentes, los que no quieren trabajar, los que secuestran y matan, los que alteran el orden de la sociedad, nuestro orden ("ellos"). La solución: apartar a "ellos", sacarlos de la sociedad, para que "nosotros" podamos vivir tranquilos.
La transmisión televisiva prosigue y los titulares se suceden en una mezcla de demagogia, emotividad y metáforas pobres, que caen siempre en el lugar común: "El pueblo quiere pedir. Todos por Axel, todos por todos" en Telenoche; "Todos por Axel. Que la luz no se apague", acompañado por música emotiva y abrazos con llanto en el noticiero de Canal 9. Mientras, una excitada Karin Cohen arriesga una cifra: "Más de 100.000 personas reclamando por seguridad". Y su compañero Claudio Rígoli la complementa: "Jornada histórica. La gente pide más penas, más seguridad". Cohen insiste: "Hoy Argentina se unió para cambiar las leyes". Y agrega, cinco minutos después de su primer guarismo: "200.000 personas en la plaza...".
En exteriores, Sandra, movilera de Telenoche, describe: "Acá no hubo diferencia de clases sociales, sólo lágrimas y emoción. No hubo miedo, no fue una protesta que atemorizó. No hubo banderas políticas, hubo hombres de traje que venían de trabajar". Y enseguida, fascinada con la observación, repite: "Hay hombres de traje que salieron del trabajo y se sumaron... En algunos casos marcharon desde la Zona Norte" agrega, como si no fuera más factible la presencia de vecinos de San Isidro y Vicente López que de Glew o El Jagüel. Así, ausencia de banderas políticas y "hombres de traje" aparecen en su argumentación como prueba de purificación que legitima la protesta y la hace no sólo aceptable sino también incuestionable para los periodistas.
Mientras, la transmisión televisiva entregaba momentos memorables. En la plaza, una mujer con entusiasmos históricos hablaba emocionada sobre lo que había presenciado: "El papá que decía tantas verdades me hizo acordar a los próceres y a los valores reales que los argentinos queremos". Y el periodista de Canal 9 Jorge Pizarro, cercano a los límites de su estilo amarillento, no tuvo el menor reparo en rotular la jornada: "Es la movilización social más importante desde la recuperación de la democracia".
En la noche del jueves, frente al Congreso, en los estudios de televisión, en las calles, en muchas casas se pidió por el fin de la inseguridad. Se pidió más castigo para los más castigados de la sociedad. Pero nadie, ni de uno ni de otro lado de la pantalla, intentó evitar el primer castigo, el original, acaso el más inmerecido. Nadie planteó el cambio de un sistema económico, social y político que ha excluido a millones de personas. Fue, el de la semana pasada, un reclamo profundamente reaccionario desde el momento en que partió del supuesto de que la situación de fondo no puede (debe) cambiarse. Aceptada esa premisa, la conclusión es casi obvia: a "ellos", los que nos roban, los que no nos dejan vivir en paz, los que alteran nuestro orden, hay que separarlos de "nosotros", apresarlos. Nuestra sociedad funciona como una gran máquina. En la Plaza de los dos Congresos, miles de operarios reunidos tuvieron la oportunidad de cambiarle algunas piezas para dotarla de nuevas y distintas funciones. Pero la elección fue otra: un mínimo ajuste, un poco de aceite y a esperar que el mecanismo siga su curso, produciendo "ellos" para que luego, cuando ya sean muchos y nos asusten, los aleje, los saque de acá, de "nuestro" lugar y podamos vivir tranquilos, seguros.

NICOLAS HERMAN

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