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Carta abierta a Nicolás Herman Lic. Susana Fragassi
Al leer tu nota sobre la máquina (la relación entre sociedad, televisión e inseguridad), me quedé felizmente impresionada en la agudeza de observación que tienen los más jóvenes en nuestra actual sociedad, además de sentirme convocada a un diálogo del que espero aceptes mi interlocución. En tu texto me pareció leer distintas variantes de: in diferenciación y discriminación, no se sabe quien se es (entrevistadores o entrevistados, periodistas o público, padre atravesado por el dolor o prócer) versus los unos y los otros (“nosotros” o “ellos”), de pertenecer y ser expulsado (estar dentro o estar afuera), al estilo de las viejas películas de vaqueros norteamericanas, donde a simple vista se detecta quien es el bueno y quien el malo, concebidos con rasgos bizarros y superficiales (tal vez como “los hombres de traje...” o ”algunos casos que marcharon de zona norte”) Coincido plenamente en tu opinión “Nadie planteó el cambio de un sistema económico, social y político que ha excluido a millones de personas. Fue, el de la semana pasada, un reclamo profundamente reaccionario desde el momento en que partió del supuesto de que la situación de fondo no puede (debe) cambiarse. Aceptada esa premisa, la conclusión es casi obvia: a "ellos", los que nos roban, los que no nos dejan vivir en paz, los que alteran nuestro orden, hay que separarlos de "nosotros", apresarlos. Nuestra sociedad funciona como una gran máquina” Tal vez, resulte difícil enunciar un implícito por el riesgo de desmantelar nuestras defensas: Reconocer que la parte pertenece al todo, que en este sistema de interrelación social, nadie es totalmente inocente y nadie es totalmente culpable de casi nada de lo que ocurre. Lo que posiblemente mas me preocupa es volver a caer en la disyuntiva víctima-victimario invertida. Nuestra sociedad actual, “sociedad de alta complejidad” sumida en procesos de individuación cada vez más definidos, no parecen ser las sociedades “de lazos afectivos” que contenían y ordenaban al conjunto, Hoy, alberga a muy pocos. Hoy se sienten marginados los millones atravesados por la pobreza, los niños de la calle, muchos de ellos “póstumos antes de nacer” utilizando una dura frase de Nietzsche, los que no acceden a la educación, pero también los jubilados que terminan sus días en el máximo desamparo, los desocupados de más de 35 años que les resulta casi imposible reinsertarse laboralmente, los jóvenes que no tienen experiencia para conseguir su primer empleo, las muchachas que no se adecuan a las tallas de las marcas de moda, ni al cuerpo ofrecido por escuálidas modelos, los que no saben inglés o computación, los que saben demasiado o investigan porque no hay campo donde desarrollarse, los ecologistas que luchan por el cuidado de la naturaleza etc... Entonces, que es la sociedad?, Si está dicho que “a los pobres les pertenece el reino de los cielos”, preguntaría irónicamente a quien le corresponde el reino de la tierra, y particularmente las de estas latitudes que habitamos? Quizás sea oportuno preguntarse si el estar al margen, justifica o marca la delincuencia feroz en la que estamos inmersos? Si efectivamente la pobreza es sinónimo de violencia extrema? Si quienes organizan, planifican y ejecutan actos delictivos, son ciertamente los declarados marginados o existe marginalidades que están disfrazadas en seres integrados y adecuados a la sociedad? Si podemos hablar de escalas de marginación, los buenos (jubilados que se suicidan) o los malos (jóvenes que asesinan)?. Si la posibilidad de matar, es efectivamente un “delito más”, sostenido solo por los aspectos socio-económicos culturales? Qué hay de los deseos y las pulsiones de las personas que componemos el conjunto social? Nuestro país fue construido con varias épocas y corrientes de inmigración, muchos de ellos, gente pobrísimas, carentes de educación, ignorantes en muchos casos del idioma, en cierto punto marginados de sus propios países, los que sin embargo, lejos de una posición de delincuencia, hicieron una apuesta desde el deseo y el esfuerzo a construir una historia diferente para sus hijos y los hijos de sus hijos. La marginalidad genera padecimientos insospechados, tal deseos agresivos, tal vez algún tipo de delito. Quizá debiésemos revisar la sociedad, sin olvidar al sicopatología individual para abordar las dificultades desde una posición global, entera, interrelacional, coincidiendo con la premisa que repite incansablemente la Dra, Luisa Kremer en “Actualidad y psicoanálisis”, el que mata, es porque desea matar, quiere y puede hacerlo. No hay otra excusa.
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