
En los últimos años se ha instalado un modelo social, en donde se relaciona el éxito con cierta forma e imagen.
Todos sabemos la importancia que la figura tiene en estos tiempos y cuanto influyen los esquemas que se han ido estableciendo en la sociedad actual. También de las complicaciones que trae aparejada la obesidad.
De lo que no estamos tan informados es del riesgo que produce querer acercarse al otro límite de la balanza. Donde determinadas medidas terminan siendo el patrón de comparación de la mayoría de los jóvenes.
Este mensaje llega a través de múltiples medios percibidos como autorizados, pero que están distantes del concepto de salud.
En los últimos años el incremento en el número de personas que padecen algún tipo de desorden alimentario, determinó un importante avance en el conocimiento de los mismos, tanto en su cuadro clínico como en sus criterios diagnósticos.
Es importante tener en cuenta que, si bien es cierto, la anorexia y la bulimia son las más conocidas, impactantes y que tienen más prensa, no necesariamente son las más frecuentes.
Existen otros cuadros intermedios, más leves, pero de no menor compromiso, que condicionan la vida social de la persona, donde podemos encontrar con igual frecuencia el pensamiento puesto en la comida y el cuerpo.
Aún antes de esto, es importante reconocer conductas que pueden aproximarnos a la patología, de la cual siempre es más complicado salir, aún contando con un tratamiento adecuado y que de ser detectadas a tiempo, mediante una acción preventiva, pueden ser puestas en cuestión y aún evitarlas.
Lic. Alejandro Van Oostveldt
Director de ABORDAJES
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