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Freud trabajó este tema desde el principio de su obra. La precondición esencial del sueño es fácilmente reconocible en el niño. El niño duerme mientras no lo atormenta ninguna necesidad física o ningún estímulo exterior (por ejemplo, el hambre, el frío o la humedad).
Se duerme una vez que ha obtenido su satisfacción (en el pecho). Así también el adulto se duerme con facilidad después de la comida y del coito. En el sueño el sujeto se encuentra en el estado ideal de inercia, libre de acumulación de exitación en su aparato psíquico.
Cuando decidimos entregarnos al reposo, cesan las cargas psíquicas propias del pensamiento despierto. Aquellas personas que lo logran con facilidad gozan de un tranquillo reposo.
Pero no siempre conseguimos tal cosa y cuando lo conseguimos no siempre es por completo.
Los problemas no solucionados, las preocupaciones que nos atormentan y una variedad de impresiones diversas continúan la actividad psíquica durante el reposo y mantienen el desarrollo de los procesos anímicos.
Estos estímulos que continúan durante el reposo pueden ser:
a) aquellos que durante el día no han podido llegar a tiempo por haber quedado interrumpidos por alguna causa.
b) aquello que ha quedado sin solución.
c) Aquello que hemos rechazado y reprimido durante el día.
d) Aquello que la labor diurna ha estimulado en nuestro inconsciente.
Es decir, que mientras tenemos conciencia de nuestros procesos mentales normales, nos es imposible, en efecto, conciliar el reposo.
Pero también es interesante pensar que durante el dormir, se producen los sueños, con sus múltiples características. Si bien el sueño es el guardián del dormir, hay algunos que resultan susceptibles de despertarnos en medio del más profundo reposo, como los sueños de angustia o pesadillas.
En la pesadilla, esa escena que se arma por el sueño, se rompe porque aparece algo que no tendría que estar allí, algo que irrumpe y queda fuera de sentido.
Algo que tiene una conceptualización en la clínica analítica y es llamado, lo real: lo imposible. "Eso" que aparece y no puede ser elaborado oníricamente es denunciado por la angustia (bajo la forma de opresión en el pecho, palpitaciones, desesperación, terror, etcétera). Hay algo que aparece sin velos; dejando al sujeto perplejo frente a una realidad, que sin saberlo lo constituye.
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