Si bien en el transcurso del siglo XX se derrumban varias creencias populares respecto al hecho de la masturbación, sigue siendo en el inicio de un nuevo siglo un punto de difícil tratamiento, no sólo en los adolescentes sino también en la población adulta. El reconocimiento de este modo de satisfacción como un aspecto más de la conducta sexual humana queda todavía reservada a un porcentaje menor de la población, si bien son muchos los datos estadísticos que revelan la alta frecuencia de esta práctica en nuestra sociedad.
Hace ya 100 años Freud planteaba la masturbación en el lactante, en el infante y en la adolescencia. Adjudicaba a la práctica un contenido autoerótico en el sentido que el sujeto produce la excitación y la descarga en sí mismo. En la medida en que se vaya dando una unión con fantasías que incorporen la excitación genital y el interés por otra persona del sexo opuesto, el acto masturbatorio contribuirá al desarrollo de la sexualidad con tendencia a la primacía genital y al amor de objeto, y no sólo como un acto autoerótico sino también función facilitadora de otros procesos evolutivos.
En la pubertad, luego de la quietud del período de latencia, reaparece el impulso masturbatorio junto con los cambios físicos propios en cada sexo.
El contenido incestuoso y prohibido de su excitación sexual contrasta con la voluptuosidad de las sensaciones que lo embargan. La angustia es la resultante en esta pugna.
Como en tiempos pasados otras partes del cuerpo se transformaban en ejes de situaciones placenteras (ej: la boca, luego el pene en la infancia), ahora los genitales ordenan la líbido y son ellos a través de los cuales se produce la descarga que reduce la tensión con la consecuente ganancia de placer.
Si bien en un primer tiempo, y fundamentalmente en los varones, la masturbación es motivada por situaciones más de angustia que de contenido sexual, posteriormente la fantasía en la cual aparece el objeto erótico va ganando preponderancia y acomplejando la libidinización del aparato psíquico.
Hay que destacar que la masturbación tiene componentes pregenitales en sus fantasías, por lo que no es raro encontrar en estas fantasías componentes de sadismo y bisexualidad. El final de la adolescencia encuentra al sujeto con conexión con objetos exogámicos y con una salida a la práctica genital.
Algunos autores opinan, y con sobrados motivos, que la masturbación representa todo un ensayo y una puesta a punto de los mecanismos que permitirán un desarrollo normal de la sexualidad humana exogámica.
La ausencia de actividad masturbatoria en la adolescencia nos habla de una dificultad para manejar los impulsos sexuales de la pubertad y que de algún modo la masturbación infantil fue intensamente reprimida.
Esta breve exposición nos deja preguntas y temas pendientes para desarrollar. En los próximos contenidos vamos a tratar el tema de las poluciones nocturnas en los varones, la masturbación en las chicas y otros aspectos de interés del desarrollo sexual del adolescente.
Mandanos tus preguntas y recordá que hay muchos problemas que se solucionan conociendo de que se tratan. Como cuando nos animamos a sacarle la sábana al fantasma que nos acompaña, vemos asombrados que de él no queda nada. Hasta la próxima.

Dr. Alfredo R.Herman